Dra. María del Consuelo Maquívar

Instituto Nacional de Antropología e Historia

Introducción

La doctrina cristiana y con ella el dogma de la Santísima Trinidad, se estructuró a través de las discusiones y decretos emanados de los concilios ecuménicos. El primero de ellos fue convocado por el emperador Constantino I, y se llevó a cabo en Nicea el año 325. El objetivo central de este sínodo fue combatir la herejía del arrianismo que negaba la divinidad de Jesucristo. Se afirma que en el primer concilio de Nicea se sentaron las bases de la fe católica y se compuso el “primer Credo”, en el que ya se hablaba de tres divinas

Personas en “un solo Dios verdadero”.

En esta época aún no se había establecido la iconografía de la Santísima Trinidad, hubieron de pasar casi cuatro siglos para que se terminaran las polémicas y las guerras iconoclastas que prohibían las representaciones de Dios. Fue en el II Concilio de Nicea (787), que se unificaron los criterios para el uso de las imágenes; uno de los personajes que fue clave para esta práctica fue San Juan Damasceno quien dijo que el icono de los iconos había sido el mismo Cristo, ya que a través de su encarnación, “[…] el invisible se hace visible para los hombres al participar de la carne y de la sangre”.  A partir de este momento se sentaron las bases para el culto a las imágenes, de manera que en el siglo XVI, en el Concilio de Trento (1563-1545), se retomaron estos argumentos para enfrentar la polémica iconoclasta suscitada por las ideas de Martín Lutero. 

La justificación de la iconografía trinitaria está fundamentada en el bautismo de Cristo que narran los evangelios: “[…] Bautizado Jesús, salió del agua. Y he aquí que vio abrírsele los cielos y al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre Él, mientras una voz del cielo decía: Este es mi Hijo muy amado en quien tengo mis complacencias” (Mat. 3, 3-17). Los antecedentes iconográficos de este pasaje de la vida de Jesús, se encuentran en el arte bizantino, y desde entonces no ha variado esta representación, prueba de ello es el sinnúmero de imágenes que, inspiradas en las primeras obras, se conservan hasta la fecha.

Iconografía Trinitaria en la Nueva España

Después de analizar durante varios años, las diversas representaciones que se hicieron de la Santísima Trinidad en la Nueva España, se pudieron formar tres grandes grupos: Al primero lo he denominado “Trinidad clásica”, porque reúne las obras que la Iglesia permitió por considerarlas ortodoxas. El segundo conjunto está integrado por las imágenes cuya interpretación ha causado confusión, tal es el caso de la Trinidad antropomorfa llamada así porque el Espíritu Santo, en vez de mostrarse con la paloma simbólica, se le representó con una figura humana, generalmente con el rostro de Cristo.  Finalmente, el último grupo lo integran las obras prohibidas, porque la Iglesia consideró que su configuración trifacial se relacionaba con las deidades paganas de la antigüedad.

LaTrinidadClásica

Después del Concilio de Trento, ésta fue la forma más común de mostrar el dogma fundamental de la Iglesia a los ojos de los fieles.  A lo largo de los tiempos y en todo los lugares donde se practicaba el catolicismo, fue la representación que más se difundió por medio de las recomendaciones de los tratadistas y de los modelos que los mismos artistas crearon. Las características de esta representación son básicamente las siguientes: El Padre luce como un anciano digno, entronizado, ataviado con vestiduras pontificales o bien vestido con túnica y manto. Jesucristo se ve como un adulto de treinta y tres años, tal como se le conoció en el momento de su sacrificio, y suele aparecer a la derecha de la Primera Persona. Por último, y según la narración del evangelio, el Espíritu Santo en forma de una paloma con las alas desplegadas, entre las figuras del Padre y del Hijo. 

Como es fácil suponer, este tipo de representación es la que más abunda en el repertorio novohispano; fue la más difundida desde los primeros tiempos de la evangelización y durante el periodo barroco, se le colocó en todos los lugares de culto.  En muchos templos del periodo virreinal se observan aún pinturas y esculturas con la Trinidad clásica, ejecutadas por artistas renombrados o poco conocidos. Además, por la trascendencia y significado del tema, no sólo se le representó aislada, sino que también formó parte de casi todas las composiciones pictóricas, como las iconografías marianas de la Purísima Concepción y de la Asunción, y de algunos santos, como San Ignacio de Loyola quien en su autobiografía asienta que tuvo varios arrebatos místicos trinitarios. Un caso excepcional es el que muestro aquí de la serie de la vida de la Virgen María en la que el pintor Antonio de Torres, inspirado en las narraciones de la Madre María de Jesús de Ágreda realizó este bello lienzo en el que se observa a Cristo, bautizando a su Madre y como testigos de la escena, se observan a Dios Padre y al Espíritu Santo.

Pero sin duda, una de las representaciones trinitarias más originales del barroco novohispano, es la del “Obraje celestial”; en estas obras, para hacer énfasis en el milagro guadalupano, la propia Trinidad es la que aparece con sus telas y pinceles ejecutando la pintura sin igual. 

ElPadreCompasivoyElTronodeGracia

Dentro de la iconografía que he llamado clásica, existen dos representaciones que exaltan el sacrificio de Jesucristo, tal es el caso del Trono de Gracia y del Padre Compasivo. La diferencia entre ambas representaciones es mínima y sólo estriba en que la figura de Jesucristo puede aparecer clavado en su cruz o fuera de ella, desfallecido sobre el regazo del Padre, semejante a las imágenes de la Virgen de la Piedad. En ambos modelos se observa al Padre Eterno como anciano digno, de cabellera y barba blancas, entronizado, mientras que la tercera Persona, como siempre, en figura de paloma, sobrevuela la escena o se posa en algún punto de la composición. Al parecer, los antecedentes iconográficos de ambas representaciones, están fundamentados en las Sagradas Escrituras y en los escritos de los místicos medievales.

Es posible que los artistas barrocos que abordaron estos temas, se hayan inspirado en los grabados de Alberto Durero de las primeras décadas del siglo XVI. En la sociedad barroca novohispana, los dos tipos iconográficos tuvieron la misma acogida, seguramente porque ambos se asocian con el sacrificio de Jesucristo.

Ambas devociones, tanto el Trono de Gracia como el Padre Compasivo, tuvieron gran arraigo entre la población a través de imágenes esculpidas, seguramente porque las representaciones de bulto conmovían más; como si se materializara el sacrificio del Redentor ante los ojos de los fieles, prueba de ello son los conjuntos escultóricos que se continuaron produciendo después del siglo XIX y que aún hoy en día, son objeto de gran devoción en los templos mexicanos.   

 LaTrinidadAntropomorfa

Como ya se dijo, la Trinidad antropomorfa se denomina así porque la tercera Persona, el Espíritu Santo, en lugar de mostrarse con la simbólica paloma, se representa con una figura humana. El pasaje   del Génesis   que justifica   la representación antropomorfa es el conocido como la Hospitalidad de Abraham: “Aparecióse Yavé un día en el encinar de Mambré […] y alzando los ojos [Abraham], vio parados cerca de él a tres varones. En cuanto los vio salióles al encuentro […] se postró en tierra diciéndoles: Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego no pases de largo junto a tu siervo […] os traeré un bocado de pan y os confortareis […] ellos contestaron:  Haz como has dicho” (Gén. 18,1-5). Como se aprecia en estas líneas, al referirse a Dios se habla en singular, aunque el patriarca vivió la presencia de Dios en tres personajes; así se representó desde el periodo bizantino y más tarde en el arte europeo desde el siglo XVI. 

LaTrinidadAntropomorfa enlostratados deiconograa

Aunque el tema de la Trinidad antropomorfa se había representado ya en los tiempos más tempranos del cristianismo, fue en el periodo postridentino cuando se puso en tela de juicio su figuración con tres hombres idénticos.

Como es de suponerse, de las tres divinas personas, la imagen que causó más conflicto para ser aceptada en esta representación fue la figura humanizada del Espíritu Santo, ya que la Iglesia señalaba que no se había manifestado como ser humano, sino como paloma, en el bautizo de Jesucristo o como lenguas de fuego el Día de Pentecostés. Esta polémica persistió hasta el siglo XVII y fue abordada por varios de los teólogos y tratadistas de iconografía; dado el espacio con el que cuento, he seleccionado dos de estas opiniones, porque pienso que influyeron en el arte de la Nueva España. 

a)Juande MolanoHistoriadeimágenesypinturas sagradas(1570). 

En el segundo libro de su obra, este eminente tratadista de Lovaina dedica un apartado al dogma en cuestión bajo el subtítulo: “Se defienden y explican las imágenes de la Sacrosanta Trinidad”. Molano acepta mostrar al Padre Eterno como un “anciano de gran edad”, sentado en su trono, ante quien “los libros se abrieron”, señal inequívoca de su divina sabiduría y en cuanto a la representación antropomorfa de la Santísima Trinidad, se apoya en San Agustín y retoma el pasaje que ya se mencionó de la hospitalidad de Abraham y dice: “[…] Cuando en verdad se vieron tres y nadie […] mencionó que fuese [uno] mayor que los demás, ya en imagen, ya en edad.  ¿Por qué aquí no recibimos la igualdad introducida a través de la creatura visible de la Trinidad y la sustancia en las tres Personas y al mismo tiempo una?”. De las anteriores líneas se desprende la benevolencia con la que el teólogo acepta esta iconografía basándose en la Teofanía de Mambré que ya se ha comentado. 

b)Francisco Pacheco.Elartedelapintura(1649).  El pintor y tratadista español, en la sección que dedica a la Santísima Trinidad, también aborda el tema de la representación antropomorfa:

Otra pintura deste misterio es poner tres figuras sentadas con un traje y edad, con coronas en las cabezas y cetros en las manos, con que se pretende manifestar la igualdad y distinción de las Div inas Personas. Y parece que está favorecida esta imagen en la aparición de los ángeles en forma de peregrinos al santo Patriarca Abraham, cuando, viendo tres, adoró uno sólo; […] todavía me parece que no satisface del todo a los ignorantes, pues necesita de particular señal de atributo en que se conozca cada persona y de la colocación de los lugares y si ha de estar el Espíritu Santo en medio. 

Como se aprecia, Pacheco señala la necesidad de identificar a cada una de las tres divinas Personas con un atributo, de ahí que, en el arte novohispano, lo más común fue que el Padre Eterno luciera un sol en el pecho; Dios Hijo, el cordero del sacrificio y el Espíritu Santo, la paloma simbólica.

LaTrinidadAntropomorfa enlosOrdenamientosPontificios

Además de los teólogos, algunos pontífices se manifestaron en torno al uso de este tipo de iconografía trinitaria.  Esto nos sugiere   la popularidad que debió alcanzar la imagen antropomorfa, especialmente después del Concilio de Trento. Los argumentos pontificios adquieren singular relevancia para esta investigación, ya que la abundancia de estas representaciones en la imaginería religiosa de la Nueva España, coincide con la época en que se dan a conocer estos ordenamientos. Por un documento del Papa Benedicto XIV (1740-1758), se entiende que ya Urbano VIII (1623-1644), había abordado el asunto de las representaciones trinitarias, sin embargo, en este momento, me refriere sólo al breve SollicitudiniNostrae de Benedicto XIV, expedido en 1745, por vincularse estrechamente con algunos de los trabajos pictóricos novohispanos.

En el Breve, Benedicto XIV habla de los teólogos que admiten representar a Dios tal como Él se ha mostrado a los hombres en forma “visible” y entre otros, recurre a Juan de Molano, llamándole “gran sabio”.  Basándose en las disposiciones tridentinas de la sesión XXV, el pontífice afirma que no pueden

condenarse las imágenes que representan a Dios; hace hincapié en que los obispos deben enseñar a los fieles a “guardar y cultivar asiduamente los artículos de fe”.  

Lo prohibido: laTrinidadTrifacial

Hasta ahora se analizaron los diversos tipos de iconografía trinitaria aprobados por la Iglesia, sin embargo, no todas las representaciones se ajustaron a las recomendaciones de los teólogos y los tratadistas, tal es el caso de la Trinidad trifacial, ya que a pesar de que fue sancionada e inclusive prohibida a partir de los decretos tridentinos, se continuó utilizando en el periodo barroco, prueba de ello son las imágenes que han llegado a nuestros días.

Por su parte, Molano, el iconólogo ya citado, se refiere a esta representación como un “simulacro diabólico” y Francisco Pacheco dice que estas imágenes de la Santísima Trinidad de: “[…] un hombre con tres rostros, o tres cabezas, con que se escandalizan la gente cuerda, hazen errar a los ignorantes, ocasionan las calumnias de los herejes”. 

Por lo visto, la Trinidad trifacial tuvo cierta aceptación de los fieles porque mereció la atención de los pontífices como Urbano VIII, en el siglo XVII y el ya citado Benedicto XIV un siglo después, ambos pontífices las prohibieron y sin embargo, a pesar de estas prohibiciones, es evidente que llegaron algunas estampas al Nuevo Mundo, las que debieron inspirar a los artistas del siglo XVIII. En México he localizado algunas que no alcanzaron a ser destruidas por la Inquisición. Desconozco las razones que motivaron a los autores y a los clientes a demandar esta Trinidad prohibida, sin embargo, se puede inferir que ninguno de ellos estaba bien informado de las disposiciones pontificias, a la vez, nos damos cuenta de que las acciones inquisitoriales no siempre alcanzaron a todos los sectores de la población. Además, también pienso que este tipo de representaciones no tuvieron gran aceptación entre los fieles debido a su configuración francamente grotesca. 

Consideracionesfinales

Entre las diferentes representaciones que se han analizado, es indiscutible la preferencia que tuvo la sociedad barroca novohispana por la Trinidad antropomorfa, a pesar de que este tipo de imágenes se habían prestado a confusiones en su interpretación y ya no satisfacían los intereses devocionales de los europeos.

Los innumerables ejemplos novohispanos que han llegado a nuestros días, especialmente pinturas sobre lienzo y lámina, así como esculturas policromadas y estofadas, confirman esta predilección. Puedo decir que, junto con la Trinidad clásica, la representación antropomorfa gozó de igual aceptación, especialmente durante el siglo XVIII, cuando la libertad creadora de los artistas favoreció nuevos e interesantes modelos.

Lo cierto es que en la Nueva España se dio una proliferación de iconografías trinitarias que nos indican la gran devoción que se tuvo hacia el dogma funda- mental de la Iglesia católica.  La efectividad de las imágenes como mensajeras de las verdades reveladas, se evidencia ante asuntos como éste, por lo tanto se entiende que la Iglesia las aceptara y las promoviera, porque facilitaban que los fieles se “acercaran” al misterio máximo de la divinidad.

Para terminar, quisiera presentar sólo un fragmento del bello  sermón que el sacerdote jesuita  Juan Antonio de Oviedo  dijo el día de la fiesta de la Santísima  Trinidad de 1735,  en  la iglesia  de La Profesa de la ciudad  de México, justamente en su altar, que aún subsiste como  se puede apreciar, claro, en la actualidad ya no  es el altar  barroco del  siglo XVIII, sino  el bello  ejemplar neoclásico que  debió  diseñar Manuel  Tolsá,  sin embargo, en dicho  altar  se honra a la Santísima Trinidad en su configuración de antropomorfa:

Todos hemos visto y vemos cada día aquella especie de tulipán que en idioma mexicano se llama cacomitl e hispanizado el vocablo decimos cacomite y muchos la llaman la flor de la Trinidad, porque el vástago nace y crece en forma triangular y la flor se divide, siendo una, en tres hojas grandes de color de fuego y otras tres pequeñas entre hoja y hoja.

Bibliograa

F. Pacheco, Elartedela pintura, Ediciones Cátedra, Madrid, 1990.

J. De Molano, Historiadeimágenesypinturassagradas, Traducción de Bulmaro Reyes Coria, Introducción de Marcela Corvera, Universidad Nacional Autónoma de México, México 2017.

M. De C. Maquívar, Delopermitidoaloprohibido.IconografíadelaSantísima Trinidadenla NuevaEspa, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, México 2006.